BIS

Solo un puñado de años

21 Oct 2013 | Artículos, BIS | 0 Comentarios

Pablo Lozano Rueda*

Un pueblo minero de negro carbón y cutreindustrial de la montaña palentina, un pedagogo especialista en organización (y absolutamente desorientado) recién licenciado y con tendencia a hurgar en sí mismo y una donostiarra a la que sigo profesando un profundo amor hicieron que cerrara los ojos y me lanzara al ciclón de la Sexología. Dos años de formación en el programa más novedoso y con el profesorado más rompedor y serio: un trabajo personal duro, de un dolor placentero al estilo del Marqués en el que olí fugazmente los aromas de las cocinas del hecho sexual humano.

Acabados los cursos, quedaba la vida.

Y la vida me trajo unos años rápidos e intensos. Siempre obedecí, a mi pesar, más a la amígdala que a la corteza: Príncipe de Vergara fue un entrar y salir, me esperaban fuera compañías largo tiempo deseadas y no me atrajo nada la asamblea constituyente. Pero al año siguiente Valladolid fue sorpresa, reencuentro y (un poco) reflexión. Allí Pilar me apuntó al listado de socios. Pocas semanas después algunos telefonazos me animaron a formar parte de la Sección de Educación Sexual.

No hay experiencia más íntimamente reveladora que el conocimiento. Y una parte de eso me aportó la AEPS: saber y sentir; poder dialogar y saber escuchar; seducirme las arrolladoras presencias y revolverme en apasionadas estupideces. He crecido y madurado en este grupo de singulares miembros y, al cabo del tiempo, he de reconocer que he podido sobrevivir profesionalmente a la soledad de este pueblo donde resido gracias al apoyo que he sentido desde la Asociación. Porque esa es una de las razones de por qué nos juntamos.

Tiempo de actividad y descubrimiento: en todo proceso hay momentos de inflexión en los que se hace necesario el cambio. La AEPS ha trabajado sobremanera la protección epistemológica, unidos frente a “los otros” y resquebrajados en nuestros discursos y en nuestros delirios. Ha dado más importancia a la formación a la que se accedía a ella que a la formación de sí misma en sus miembros. El trabajo se hacía expositivo, documental y profundamente sesgado en un panorama estatal de la Sexología ya diversificado, personalizado y tremendamente interesado. Llegó el momento de la introspección: mi formación en psicología, en clínica y la misma vida afectiva hicieron que me alejara, silenciando convocatorias y dando la espalda a conflictos. Tenemos una profesión de continua puesta en marcha, de continua investigación y actualización. Pero sobre todo tenemos una profesión profundamente humana en la que cualquier técnica, perspectiva o programa se tornan inútiles si no lo ofrece alguien con algo que ofrecer. El príncipe no se acercó a la Bella Durmiente para darle un dulce beso: se acercó y la violó. Eso la despertó.

Y llegó la vanidad en forma, de nuevo, de llamada transgresora. “Eres la persona idónea para intervenir, inmediatamente me ha venido tu nombre. Sólo tú puedes hacerlo”. No lo creí, pero acepté la enorme mano que me tendía. Quiero cumplir la máxima del aquí y ahora, presencia en el presente, animando y promoviendo a los profesionales, al conocimiento de una Sexología con o sin apellidos pero con la identidad sin hurtos ni sospechas, llevando el ritmo y los gestos en lo que pueda de este tango virtuoso. Y desde aquí quiero invocar a los dioses y demonios que han hecho de mí mejor persona por estar simplemente en la Asociación, por haber trabajado siempre en ella y por haberla abandonado al crecer en su propio conocimiento, esas deidades demoníacas que estaban ahí cuando ingresé y las que se han ido incorporando a lo largo de este puñado de años. De algunas me enamoré perdidamente y a otras les consideré absurdas en su narcisismo. Gracias Maialen, José Luis, Santi, Mertxe, Garbiñe, Teresa, Edu, Pepelu, Ester, Joserra, Efi, Carlos, Aíto, Agurtzane, Silberio, Pilar, José Luis, Manolo, Feli, Emilia, Juan, Penélope, Mikel, Raúl, Pepa,  Verónica, Javi, Ana, Iván y a las más de trescientas personas que han hecho posible que este país de charanga y pandereta abrace un poco más fuerte el deseo de ser libres.

* Sexólogo. Miembro de la Junta Directiva de la AEPS.