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RESEÑA: “Paradoxia: Diario de una depredadora”

o la literatura Pagliana de Lydia Lunch. Por Norma Ageitos*

Antes de meterme de lleno en la reseña, hago un pequeño apunte para quienes aún desconozcan la referencia. Camille Paglia es una feminista que considero imprescindible para profesionales de la sexología. No para “comprarle todo el discurso”, pero aunque sea para encontrar consuelo en el enfoque de algunos temas que 40 años después de las estadounidenses sex wars siguen dando dolores de cabeza.

Dicho esto, doy pie a la reseña.

No sabía muy bien qué me encontraría en este libro de Lydia Lunch que hace ya un tiempo vi recomendar a la compañera Loola Pérez. Pero había algo en la portada de estética noventera, en la mirada de la autora y en su título me hipnotizaba. Al final, no fue tanto lo que leí sino cómo me hizo sentir lo que me lleva aquí a hablar de él y a recomendarlo.

Si los textos y los libros dan respuesta a las preguntas, podría decirse que Paradoxia responde a la siguiente: ¿Puede una víctima convertirse en agresora?

El femenino de la última palabra de la pregunta es completamente intencionado. Lo que se pretende preguntar es: ¿puede una mujer relacionarse desde la violencia tras(/por) haber sido violentada a lo largo de su vida?

Parece una pregunta tonta. Una obviedad que sólo da lugar a otra obviedad como respuesta pero, ¿a todo el mundo nos viene la misma obviedad a la boca?

Si me hicieran la pregunta un día cualquiera contestaría muy rápido que “claro que sí”, pero enfrentarme emocionalmente a un relato que refleja semejante situación no ha sido tan sencillo.

Paradoxia sorprende, tal vez hasta revuelva, no deja indiferente. Además de los curiosos y excéntricos encuentros y relaciones que se cuentan, es realmente curioso atender a nuestras emociones en su lectura.

A pesar de considerarme crítica con algunos discursos combativos que casi niegan la posibilidad de agencia de las mujeres para todo lo que éticamente y moralmente pueda considerarse “malvado”, tengo que reconocer que Paradoxia me revolvía. Mientras leía las hazañas y aventuras de la protagonista no paraba de justificarle: “es muy joven, es normal ser así de poco empática por inmadurez”, “está en una situación realmente precaria, es el modo de la supervivencia”, “con lo que le pasó años atrás es normal que actúe así”…

Sin embargo, tras la lectura de pasajes a los que añadía mis excusas paraba a preguntarme; “¿alguna vez has hecho este tipo de paréntesis a otrOs protagonistas de esta novela u otras?” (La “O” mayúscula es obviamente intencionada).

Como os imaginaréis, aunque me encantaría engañarme a mí misma, la respuesta es que NO. Es más, muchas veces sumo la coletilla de “su pasado no les excusa para actuar así”.
Este libro, que podría ser leído simplemente como un conjunto de encuentros y relaciones esperpénticas tal como parece indicarnos su título en un guiño a una de las categorías de desviación sexual de Krafft-Ebing en Psycopathoa Sexualis (Paradoxia: deseo que se produce en una etapa errónea de la vida, como en la infancia o la vejez), puede dar mucho más juego si mientras lo leemos nos oímos.

A mis 20s conocí a Camille Paglia y a mis 30s he conocido esta novela de Lydia Lunch. La primera vino para ofrecerme un discurso que ya entonces empezaba a hacer mío y la segunda ha venido para volverme a señalar que aún a veces me encuentro a medio camino.

Un libro al que darle la oportunidad para ver cómo nos posicionamos y reaccionamos ante determinados relatos.

*Sexóloga