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Recopilación de textos publicados en los anuarios y boletines dela AEPS para una reflexión sobre las relaciones entre sexología y feminismo

15 Ene 2022 | BIS, Uncategorized | 0 Comentarios

Esta recopilación es fruto de una revisión de textos publicados por la AEPS en anuarios y boletines generada por el grupo de trabajo sexología y feminismo, cuyo objetivo es acercar una selección de lecturas producidas por nuestra entidad que sirvan a la reflexión.

La sexología, cuyo objeto de estudio son los sexos y sus interacciones puede y debe ser tenida en cuenta a nivel teórico a la hora de complementar los discursos oficiales a través de su discurso propio. Además de herramienta teórica puede ser muy eficaz para desarrollar estrategias, dotar de contenidos, recursos discursivos y metodológicos que acerquen a los sexos. Es necesario favorecer una comunicación que mejore la convivencia abordando los conflictos implícitos en sus relaciones.

Toda relación alberga inevitablemente el conflicto que sirva para readecuar su evolución. Las crisis son fruto de ese proceso inevitable inherente que demanda la necesidad de unos límites. Dichos límites movilizan la libertad de cada hombre u mujer y la condicionan para mejorar en sus interacciones y para sentirse más acorde a sus necesidades y deseos. En ocasiones nos sirven para encontrarnos y en otras para desencontrarnos y poder poner la distancia adecuada para sentirnos mejor……Estamos hablando de cuidarnos y cuidar, de no dañar ni dañarnos; pero también de un modo de construir comunidad aceptando las diferencias que son sin duda sexuadas, biográficas e ineludibles.


Cuanto más hablamos de igualdad entre los sexos mas perdemos las referencias de nuestras identidades; es precisamente desde esas diferencias insoslayables, con ellas y a partir de ellas desde donde contribuir a dialogar para comprenderse, aceptarse y convivir.


Convivimos en la actualidad con un discurso cada vez más oficializado del género. Esta desacertada traducción de la lengua anglosajona del denominado “gender”, que en su origen hace referencia a los sexos (naturaleza y cultura), se está entendiendo ya hace algún tiempo, como construcción social, desarraigando de sí la mano de la biología que nos impregna de sexuación y olvidando nuestra evolución de mamíferos humanos. Desde la episteme sexológica ponemos en valor el uso cultivado y correcto del lenguaje que utilizamos, ya que este construye realidades que en ocasiones son infames y cargamos con ellas. Es por lo que partimos del sex que compone la raíz de nuestra disciplina y sólo desde ella podremos ahondar en todas las circunstancias que rodean a la sexualidad humana, entendiéndola como la vivencia del hecho de ser hombres y mujeres.

El abordaje de los conflictos relacionales entre los sexos que subyace en la perspectiva de este género así tratado, está resignificando buena parte de las realidades de hombres y mujeres invisibilizando y distorsionando la interpretación de sus experiencias, de manera que se pierde lo significativo, imprescindible para poder comprender y facilitar la convivencia.

Es esta mirada la que condiciona promoviendo una nueva conciencia de cómo tenemos que ser y cómo han de ser las relaciones y es esta mirada precisamente la que introduce un aumento de conflictividad en los modos de relacionarse.

Se está denominando violencia de forma generalizada a comportamientos que tienen un componente subjetivo de la experiencia vivida, y en este totum revolutum se equiparan todo tipo de interacciones desde un denominador común que visualiza al hombre como agresor en potencia y a la mujer como víctima.

Nos encontramos, ante la llamada violencia entre los sexos. Más allá de las situaciones particulares en las que el deseo puede surgir de forma unidireccional, en la violencia la adjetivación es fundamentalmente sentida, hablamos no tanto de una violencia conductual, sino mental. La vivencia y no tanto la actuación, es la que tiñe de significados subjetivos los acontecimientos.

Recogiendo las aportaciones de Badinter (2003),” …se está creando un continuo en el concepto de violencia que genera más confusión que claridad. Aplicada en el dominio de la sexualidad, procede mediante generalizaciones y analogías. No se distingue entre lo objetivo y lo subjetivo, lo mayor y lo menor, lo normal y lo patológico, lo físico y lo psíquico, lo consciente y lo inconsciente. Todo se pone en un mismo plano tras una concepción particular de la sexualidad y de la r elación entre los sexos. Al equiparar todo tipo de interacción indeseada, se baja el listón de lo que se considera maltrato. Bajo esta lógica, los abusos, maltratos, acosos,… quedan enmarcados dentro del mismo trasfondo: hombres potencialmente violentadores atacan de diversas formas y maneras a las mujeres débiles e indefensas. La mitad de la población queda satanizada por su condición sexuada.”


Sirvan pues estos textos, entre otros, para promover un acercamiento a la exploración de las relaciones entre los sexos. Es nuestra intención acercar una mirada global que contribuya a desmenuzar las razones de los conflictos entre los sexos, situándolos más allá de una contextualización actual que está sin duda sesgada por una perspectiva social impregnada de un feminismo de género que confunde y equivoca.

(Recopilación de textos a continuación)