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La educación de los sexos como herramienta para prevenir el suicidio

1 Oct 2021 | Artículos, BIS | 0 Comentarios

Bea Sever*

Para la mayoría de las personas de mi generación la “educación sexual” recibida consistía en una breve formación sobre reproducción y anticoncepción. Muchas otras ni siquiera tuvieron eso. Afortunadamente, hoy en nuestro entorno, se aborda la educación de los sexos desde una perspectiva completamente diferente y cada vez está más presente la base del Hecho Sexual Humano . Así, se promueve que desde la infancia todas las personas puedan conocerse, entenderse y aceptarse y aprender a expresarse de un modo que les haga sentirse bien. La educación sexual también ofrece herramientas para conocer, entender y aceptar al resto, lo que permite acercarse al encuentro desde los valores de la diversidad y el respeto, propio y ajeno. A pesar de ello, dado el contexto actual de genitalización del sexo y de coitocentrismo, a menudo nos vemos en la necesidad de hablar de educación “afectivo-sexual” como si lo sexual no implicara per se lo afectivo .


La educación sexual pretende contribuir desde la niñez a una mejor autoestima, a querernos en el cuerpo que somos, a conocer qué nos gusta y qué no, a saber poner límites, a identificar abusos, a entender la pornografía desde una visión realista, a establecer relaciones de buen-trato… En definitiva, a sentirnos bien con nosotras mismas y con lo que hacemos. Precisamente por eso, en mi opinión, la educación de los sexos puede contribuir a la prevención del suicidio, especialmente en tres de los grupos de riesgo que se identifican desde el abordaje de este fenómeno: colectivo LGTB, hombres y adolescentes.
Cuando analizamos los factores de riesgo para el suicidio observamos que pertenecer al colectivo LGTBI multiplica por 3 o 4 el riesgo de conductas suicidas entre jóvenes. Las cifras son aún más elevadas si hablamos de personas transexuales: el 39% acomete un intento de suicidio a lo largo de su vida


Los prejuicios y la discriminación, el rechazo familiar, el bullying, la violencia social… pueden incrementar el riesgo de suicidio, especialmente en jóvenes. Pero también puede elevarlo la no aceptación personal de la propia identidad sexual o de la orientación del deseo, que repercute directamente en la autoestima y en la salud mental.
La educación de los sexos nos enseña que no hay una sola forma de ser, que la diversidad es la única norma y que todas y todos somos seres únicos e irrepetibles, con nuestra identidad, nuestra orientación y nuestra forma de expresarnos. Al ampliar los contextos y ofrecer referentes para que cada cual pueda encontrar su manera más coherente de estar en el mundo, invita a conocerse y a aceptarse lo que contribuye a evitar la interiorización del estigma en las personas LGTBI o en aquellas con expresiones de género no normativas.


Además, al promover la diversidad como valor pretende contribuir a una sociedad en la que se respete la diferencia. Sin marginación, acoso, exclusión, violencia… estas personas dejarían de ser especialmente vulnerables al suicidio. Es decir, actúa como medida de prevención universal -dirigida a la sociedad en su conjunto – y selectiva -específicamente para el grupo de riesgo.


Por otra parte, en los países ricos se suicidan tres veces más hombres que mujeres1. Es importante subrayar que entre los factores precipitantes en este grupo tienen especial relevancia el desempleo y la separación o divorcio. Se trata de estresores que cuestionan los roles de masculinidad y pueden incrementar el riesgo de suicidio en varones, lo que pone en evidencia el papel que la sociedad asigna a los hombres y cómo este repercute en sus vidas.


Una sociedad que dificulta a los hombres expresar sus sentimientos obstaculiza su equilibrio emocional. Asimismo, los estudios indican que ellos acuden menos a profesionales de la salud mental, les cuesta más pedir ayuda y lo perciben como un signo de debilidad.


Abordar desde la educación de los sexos los roles de género, los estereotipos y sus consecuencias, así como conocer la idea de intersexualidad que los sexólogos de la primera generación nos regalaron puede aliviar el peso de los chicos para tener que cumplir un papel y asociar su valía a su función como cabeza de familia. El objetivo es que puedan aprender a expresarse de una manera más auténtica y rebajen la presión de las normas de género para que su vida no dependa de dar la talla “como hombre”.
De nuevo, se pretende incidir tanto en las personas a nivel individual (medidas de prevención selectiva) como en la sociedad (medidas de prevención universal), para crear unas condiciones igualitarias en cuanto a roles y reducir la presión.


El tercer grupo de riesgo al que hacía referencia es el de la juventud. A nivel mundial el suicidio es la segunda causa principal de muerte en el grupo de 15 a 29 años de edad1. Siendo la adolescencia una etapa de cambios importantes y en la que la impulsividad es mayor, es importante abordar la prevención del suicidio incrementando los factores de prevención. A pesar de que sabemos que el suicidio es un fenómeno multifactorial, entre los desencadenantes en la adolescencia están el acoso y los problemas interpersonales.
De nuevo, desde la educación sexual integral se pueden favorecer algunos factores de protección identificados como una buena autoestima, la expresión emocional y los vínculos afectivos, así como promover el bienestar psicológico. Una educación sexual desde el eje de la comprensividad, pretende favorecer que las y los adolescentes puedan explorarse como sujetos sexuados que son, así como fomentar el cultivo de sus peculiares formas de ser, y contribuir a que establezcan relaciones de buen trato.


Otro de los factores de riesgo del suicidio es una historia de abusos. Es de sobra conocido el beneficio de la educación de los sexos para evitar abusos . Distinguir lo que sí nos gusta de lo que no, saber qué es un abuso, adquirir una buena autoestima que facilite poner límites o desechar la culpa para poder comunicar lo que sucede, son algunas de las habilidades que podemos trabajar a través de una educación sexual integral.
Sabemos que el suicidio es prevenible – aunque no todas las muertes por suicidio se pueden evitar-, y que la mejor forma de abordar la prevención es estableciendo estrategias mutisectoriales. Como sexóloga y conocedora de la realidad del suicidio, estoy segura de los beneficios de incluir una educación de los sexos de calidad entre estas estrategias.
Si como expone Ronald W Maris entendemos que el suicidio es más que una reacción en un momento de crisis, sino que abarca la biografía de cada sujeto, comprenderemos la importancia de los objetivos de la educación de los sexos: conocerse, aceptarse y aprender a expresarse de un modo que nos haga sentir bien y relacionarse desde el valor de la diversidad.


Parafraseando a Havelock Ellis “el sexo está en la raíz de la vida, y nunca se puede aprender a reverenciar la vida hasta que sepamos la manera de entender el sexo”.

*Sexóloga, Experta en Suicidiología