Efigenio en la memoria: gerundio vivo
Así queremos rendir homenaje a quien, hace un año, nos dejó mucho más que una obra escrita: nos legó la posibilidad de comprender la sexología y a nosotros mismos como historia por hacer y recordar, siempre inacabada y abierta a preguntas nuevas.
Recuperando las raíces: la tarea de ordenar la memoria sexológica
Lejos de regodearse en la nostalgia o en la mera erudición, Amezúa exploró la genealogía de la sexología como disciplina —más bien como continente fértil, siempre por cartografiar— y devolvió nombres, voces y textos a la conversación contemporánea. Recordar a Efigenio es recordar una vida dedicada a la comprensión del Hecho Sexual Humano, un viaje de ida y vuelta a los orígenes del pensamiento moderno. En sus obras, recopiló, clasificó y narró cientos de títulos, artículos y relatos a menudo olvidados o despreciados como reliquias. Mostró que la sexología no empieza en un instante mítico ni en una generación sin raíces, sino en un tejido de ideas, discursos y vidas entrelazadas: Hirschfeld, Ellis, Marañón, Bloch, Moll, Hildegart, Saldaña, y tantos más. Así, fue capaz de desmontar el viejo mantra de que “aquí todo empieza de cero”, abriendo horizontes a quienes buscan referencias para seguir pensando y comprendiendo a los sexos.
Pensando, en gerundio: el arte de lo inacabado
No es casual que el título de este homenaje sea “recordando, en gerundio”. En su obra, y también en nuestra práctica en Insex, el gerundio es más que una forma verbal: es una actitud vital, una ética de la memoria en movimiento. Recordar no es repetirse ni copiar lo previo; recordar en gerundio es dialogar con los legados para convertirlos en herramientas vivas, preguntas abiertas, brújulas imperfectas para un presente siempre inacabado. En la obra de Efigenio Amezúa, la memoria no es nunca una casa cerrada, sino un huerto que se cultiva: se siembran dudas, se trasplantan historias, se injertan saberes, y así nos reconocemos herederos y protagonistas de una sexología con pasado y con futuro.
Biografías peculiares: cuando la diversidad es la norma, las reglas cambian
Efigenio fue, a la vez, narrador y posibilitador de relatos, de biografías. Nos ayudó a comprender(nos), a aceptar nuestra peculiar forma de ser sexuados, nos enseñó a desterrar la normalidad de nuestro vocabulario. Nos invitó a superar los monólogos, a leer la sexología como un diálogo entre ciencias, profesiones, sueños, luchas, derrotas y resistencias. Su obra es una invitación a no reducir nuestra historia (ni nuestra praxis profesional) a una sucesión de modas ni a una competencia de novedades, sino a un continuo de vidas tejidas, siempre en proceso, siempre en gerundio. En las páginas de sus libros y en sus clases, Efigenio nos enseñó a mirar atrás sin nostalgia paralizante, pero también sin arrogancia ni olvido. Nos enseñó a recordarnos vivos en el presente imperfecto de lo sexual: caminando, dudando, aprendiendo, abrazando lo que vendrá sin perder de vista lo que traemos pegado a nuestra piel, nuestra biografía.
Agradeciendo, en gerundio
Quienes seguimos explorando la sexología sabemos que la tarea es infinita. Por suerte, Efigenio nos dejó un mapa para no perdernos en las urgencias del presente ni en las miopías del olvido. Hoy, desde Insex, agradecemos en gerundio: cultivando el legado de quien nos enseñó que la historia, para valer, debe ser herramienta de transformación y semilla de convivencia. Su obra permanece, sí, pero sobre todo vive en los interrogantes, en el frescor de la sorpresa, en la memoria fértil que nos invita a seguir preguntando. Así seguimos: recordando, en gerundio, desde este presente imperfecto sin ti. Gracias, Efigenio.
Un pequeño homenaje a Efigenio Amezúa escrito por Inma Martínez Cerrillo y Nacho López Martín

