Cada 25 de noviembre recordamos la urgencia de erradicar las violencias contra las mujeres. Sin embargo, la reflexión no puede quedarse en la reacción a la misma, o en la mera denuncia: necesitamos no solo prevenirla, sino tambiĆ©n trabajar con herramientas que transformen las raĆces que la sostienen. Una de estas bases tiene que ver con la violencia que se ejerce en el espacio de intimidad entre los sexos. Y la herramienta mĆ”s eficaz para trabajarla, y que muchas veces es olvidada, es la educación sexual, la educación de los sexos.
La violencia no surge de la nada. Se alimenta de desigualdades, mitos y silencios. Y uno de esos territorios poco visibles es el de la sexualidad. Cuando no hablamos de sexualidad, dejamos espacio para que se impongan modelos basados en poder, control y culpa. La educación sexual, lejos de ser una «clase sobre sexo» (entendido como clase de prÔcticas genitales, transmisión de infecciones y prevención de embarazos), es una propuesta para aprender a convivir desde el respeto, la igualdad, la diversidad de cuerpos, de identidades y de deseos, y partiendo desde la premisa de la libertad de quien participa de los encuentros eróticos.
Educar en sexualidad, en nuestra dimensión sexuada, significa enseƱar que las identidades y los cuerpos sexuados, sean como sean, son valiosos; significa hacer pedagogĆa sobre la importancia de las ideas y los valores acerca de lo que eróticamente deseamos, permitimos o rechazamos, y la forma de aproximarse a ello. Porque a la mayorĆa de los hombres los deseos largamente invisibilizados de las mujeres no les resultan indiferentes. Muy al contrario, les son absolutamente relevantes. Aunque muchas veces el punto de partida es la ignorancia. Y con los recursos del patriarcado, muchas veces nos atropellan, nos pasan por encima. Muchas mujeres tampoco identifican las claves de su propio anhelo, o no tienen aĆŗn suficientes herramientas para hacer patentes sus lĆneas rojas. Ni para poder entender aspectos del deseo masculino y para dialogar con Ć©l Ā«de tĆŗ a tĆŗĀ». Y si nadie enseƱa esto, lo mĆ”s habitual es que compremos como educación sexual la referencia de la costumbre o los mensajes del mercado. Por eso es fundamental educar en la noción de que el consentimiento se puede dar de formas diferentes, y sobre todo que es dinĆ”mico, voluptuoso como el deseo y mucho mĆ”s amplio que el simple asentimiento: los Ā«cómo(s)Ā» y los Ā«cuĆ”ndo(s)Ā» son tan importante como los Ā«quĆ©(s)Ā» y los Ā«con quiĆ©nĀ».
La educación de los sexos significa desmontar estereotipos que nos hacen sufrir y que justifican la dominación, y promover relaciones donde los afectos, los deseos y sĆ, tambiĆ©n las conductas, se puedan vivir sin violencia. Poniendo la mirada en el largo plazo, tambiĆ©n significa un cambio de paradigma: uno que entienda que lo masculino no solo pertenece a los hombres, y que lo femenino no es territorio exclusivo de las mujeres ni lo que hace a una mujer ser mujer. Que tenemos mĆ”s cuestiones que compartimos que cuestiones que nos separan. Y significa, en el fondo, dar herramientas para que el paradigma de la guerra de sexos cambie a un marco nuevo, una nueva cultura sexual que permita que convivamos en lo Ćntimo, lo privado, y lo pĆŗblico. Quien comprende la importancia del respeto en la intimidad y la privacidad, lo podrĆ” trasladar a otros Ć”mbitos de la vida.
AdemĆ”s, la educación sexual es preventiva: reduce el riesgo de abusos, fomenta la comunicación y ayuda a detectar seƱales de control o agresión. Pero tambiĆ©n es constructiva: crea ciudadanĆa crĆtica, capaz de elegir vĆnculos sinĆ©rgicos y rechazar formas de violencia que en nuestra sociedad ya no tienen cabida.
Invertir en educación sexual no deberĆa ser opcional, es una apuesta por la convivencia. El conflicto es algo frecuente en las relaciones, y por eso es tan importante desarrollar herramientas para manejarse en estas lides. Y lo mejor es que se pueden aprender. Porque cuando enseƱamos a amar sin daƱar, estamos cultivando la buena convivencia en cada relación, en cada hogar y en cada sociedad. TambiĆ©n en cada pareja, en cada encuentro y, mĆ”s importante aĆŗn, en el diĆ”logo de los sexos que tambiĆ©n se da en el interior de cada una, cada uno de nosotros.
ArtĆculo publicado en PĆŗblico el 24/11/2025 https://www.publico.es/opinion/tribunas/educacion-sexual-prevenir-violencias-construir-convivencia.html

