Aquello que nadie nos explicaba. (I Parte)
Ana Fernández Alonso*
Es frecuente que cuando un niño pequeño empieza a hacer preguntas, mamá y papá se pasen la pelota a ver si el otro es capaz de contestar. Es normal. A la mayoría de los que ahora somos padres o madres no nos han educado para ello, no tenemos referentes de cómo se cuentan estas cosas a los niños y niñas. Pero no por ello podemos “escurrir el bulto”. Como en el resto de aspectos que atañen a su educación, los hijos no vienen con un manual debajo del brazo. Hemos tenido que aprender nociones de puericultura para los cambios de pañales y los cuidados del bebé, de nutrición para que estén bien alimentados, de higiene para que tengan un correcto aseo diario, de pedagogía para ponerles límites, de psicología para cuidar su autoestima y respetar o no sus tomas de decisiones… ¿Cómo no darle a su Educación Sexual el protagonismo que merece? Y más si tenemos en cuenta que nadie puede ser persona sin ser persona sexuada. En masculino o en femenino.
Porque siempre se hace Educación Sexual, incluso cuando no se hace. Cuando un niño pregunta y no se le responde, o se le responde con mentiras o evasivas ¿Qué le estamos diciendo? Nada más y nada menos que no somos una fuente fiable de información. Que de estas cosas no se puede hablar con nosotros. Y que por tanto no somos las personas adecuadas a quien consultar sus problemas o inquietudes al respecto. Así que no podremos esperar que al llegar a la adolescencia nos escuchen, si nosotros no les hemos respondido primero con coherencia. Con pudor, con vergüenza, con sonrojos, pero con sinceridad. Por muy pequeños que sean, nuestros e hijos e hijas valoran el esfuerzo. Esa es la verdadera naturalidad.
Nadie dijo que fuese tarea fácil ya que todos y todas somos personas sexuadas, parte implicada por tanto en el proceso de sexuación de nuestros hijos e hijas. Cuando tú hablas con un niño o una niña de cómo es su cuerpo, en un momento dado saldrá a la conversación el tuyo y esto te puede dar más o menos reparo. Si hablas de relaciones de pareja, van a salir a relucir las tuyas, si hablas de otros modelos de familia diferentes a la vuestra, contará tu opinión ¿Cómo nos vamos a manejar con todo esto?
Quienes somos ahora madres o padres hemos llegado hasta aquí con nuestros propios recursos, porque estas cosas no nos las enseñaron en el colegio y hemos ido resolviendo sobre la marcha, cada quien con mejor o peor fortuna. El mejor momento para empezar es cuando los niños y niñas empiezan a hablar, a comprender y a comunicarse. Pero si no lo hemos hecho así, todavía podemos llegar a tiempo y como ya tenemos claro que esto es algo más que una cuestión de genitales, nos ponemos manos a la obra, porque es muy importante no dejarlo para el último momento. Y el camino está lleno de oportunidades…
1) Las reacciones del cuerpo
Muchos padres y madres (sobre todo si son primerizos) se sobresaltan cuando descubren que su pequeño de poco más de dos años, tiene una erección. “¿No es muy pequeño todavía?” Se preguntan. Y algunas personas lo viven con verdadera preocupación.
¿Qué está pasando con ese niño? Pues simplemente que le hemos quitado el pañal, coincidiendo con el control de esfínteres. Y una reacción fisiológica perfectamente normal, pero que hasta ahora nos había pasado desapercibida, hace su aparición. Probablemente esas erecciones han venido produciéndose desde el principio, (de hecho se sabe que algunos fetos tienen erecciones durante el periodo de gestación) lo que pueden constatar otras madres y padres que por curiosidad o por casualidad lo hayan observado durante los baños o los cambios de pañal.
Y probablemente no se quede ahí, sino que para el niño también va a ser un descubrimiento esa parte de su cuerpo que hasta ahora permanecía tapada. Y empezará a darse cuenta de que cambia de tamaño y que le produce sensación agradable, así que será normal que juegue con ella.
En el caso de las niñas resulta menos evidente, pero también comienza un descubrimiento de sus genitales en el momento de dejar el pañal. Aquí la preocupación de madres y padres, si aparece, comienza más tarde, porque no hay una respuesta fisiológica tan claramente observable. Pero también las niñas descubren en un momento dado, como parte de la exploración de su esquema corporal, que manipular sus genitales produce una sensación agradable.
Tanto en el caso de los niños como en el de las niñas, no debemos olvidar que el significado se lo estamos dando nosotros. Para ello y ellas no es más que una parte del descubrimiento de su cuerpo y probablemente algo tan entretenido y apasionante como sacarse mocos de los orificios nasales. Lo cual por otra parte también es bastante transgresor a nuestros ojos, pero se ve que nos preocupa menos. Preguntémonos por qué.
2) Los nombres de las cosas
Es parte importante en la educación de nuestros niños y niñas ir dando nombres a las cosas que le rodean. Esto va a servir además para ejercitar su lenguaje y enriquecer su vocabulario, además de fomentar su curiosidad por los nombres de las otras cosas que todavía no conoce. Lo mismo sucede cuando comienza a descubrir su esquema corporal. Le enseñamos juegos de preguntas que responderá señalando si todavía no sabe hablar “¿Dónde tienes la nariz?” Y el pequeño lleva su manita hacia la nariz “¿Dónde tienes los ojitos” Y el niño señalará los ojos. Este y otros juegos parecidos son muy válidos para ir aprendiendo el esquema corporal. El niño y la niña saben que el brazo se llama brazo, la pierna, pierna, la cabeza, cabeza. Puede cambiar el hecho de que usemos o no diminutivo ¿Qué nos pasa entonces con los genitales? Porque el caso es que les damos otro nombre. Si lo pensamos dos veces nos daremos cuenta del absurdo. Imaginemos que a la pierna no la llamamos pierna, sino otra cosa. Y no solo eso, sino que en cada familia se le diese un nombre distinto. ¿No supondría esto un lío y una confusión para unos niños que están aprendiendo a conocer su cuerpo? Preguntémonos que tiene de malo llamar a las cosas por su nombre.
Pero hecha esta reflexión, la realidad es la que tenemos y no la vamos a cambiar. En algunas familias al pene se le llama pito, pirulina, colita, etc. A la vulva se la llama hucha, ratita, culito de delante. Aunque nos empeñemos en llamar pene y vulva a los genitales de nuestros hijos e hijas, se van a encontrar con que los niños y niñas de su colegio usan otros nombres. Una propuesta razonable podría ser enseñar a nuestros hijos que el pene se llama pene aunque a veces lo llamemos pitín, igual que él tiene un nombre aunque a veces en casa le llamamos peque, cariño, o lo que sea. Es una posibilidad, puede haber otras, pero lo importante es que nuestros hijos sepan de qué hablan y de qué les hablan. Es la clave para poder entenderse.
3) Las tres grandes preguntas
Desde el momento en que niños y niñas comienzan a hablar y a hilar un discurso más o menos coherente, no vamos a tardar mucho en encontrarnos con la primera de las preguntas que nos van a poner en un aprieto. En torno a los 3 años o en el momento en que en su entorno aparezca un bebé, querrá saber de donde ha salido. Quienes ahora somos padres de niños y niñas, aun fuimos de los que nos creímos la historia de la cigüeña y teníamos bien claro que no es una historia que fuésemos a contar a nuestros hijos. Hasta que nuestro niño o nuestra niña se dirigió a nosotros con cara de gran conversador y nos hizo la tan controvertida pregunta. Salir del paso es fácil: Los bebés vienen de la barriga de una señora, que generalmente es su mamá.
Al principio se van a conformar con esa explicación pero llegará un momento en que volverán al ataque con la segunda pregunta ¿Cómo salen de la barriga? Aquí la respuesta, va a depender un de los pudores que tenga la familia. Tendremos que hablar si no lo hemos hecho ya, de cómo son nuestros genitales. De que son distintos los de los hombres y los de las mujeres (también los de los niños y los de las niñas). Y de que en la vulva de las mujeres hay un orificio por el que puede salir el bebé. Si se trata de padres que no han tenido inconveniente en que sus hijos les vean desnudos tendrán trabajo ya adelantado. Si no es así, no debemos preocuparnos, se puede recurrir a fotos o dibujos. En las múltiples Guías y Revistas de Educación Maternal que le dan a una embarazada en cualquier sitio a donde va (desde tiendas de ropa infantil, hasta el propio centro de salud) hay materiales más que suficientes y en la actualidad lo tenemos más fácil todavía con el recurso de Internet. También hay algunas publicaciones que se pueden adquirir en librerías aunque no son muy numerosas (ver Bibliografía al final del último capítulo). Con esa sencilla “lección” de anatomía ilustrada, hemos salido del paso de la segunda pregunta.
Pero llegará el momento en que tendremos que hacer frente a la tercera: “¿Cómo entra el bebé en la barriga de la mujer (ya sea la mamá, una vecina o cualquier otra señora)?”
Hace algunos años se puso de moda la historia de la semillita que el papá da a la mamá. Como metáfora no estaría mal, si no fuese porque se aleja un poco de la realidad y puede a la larga complicarnos las cosas. No hay que olvidar que nuestros hijos e hijas no tardarán mucho en contrastar su información con la de sus propios compañeros e incluso con los temas que aborden en el colegio (*). Si les hemos contado un cuento que se aleja de la realidad, la conclusión a la que van a llegar es que no somos una fuente fiable para informarse acerca de estos temas y cuando quieran resolver sus dudas e inquietudes al respecto buscarán otros interlocutores, ya que les hemos demostrado que con nosotros no se puede hablar con claridad de estas cosas.
¿Cuál es la solución? Cada familia debe encontrar la suya, pero siempre teniendo claro que hay que llamar a las cosas por su nombre y que si los niños y niñas tienen capacidad para hacer la pregunta también la tendrán para entender la respuesta. Y que las respuestas deben ser sencillas y concretas.
Una propuesta razonable puede ser hablar de celulitas en vez de semillitas. “Los hombres tienen unas celulitas que se llaman espermatozoides y las mujeres tienen unas celulitas que se llaman óvulos. Un óvulo y un espermatozoide se juntan y forman un bebé. (Igual que cuando coges dos trocitos de plastilina y los juntas para formar una bola…) Para que el espermatozoide se junte con el óvulo tiene que entrar dentro de la mujer, por ese agujerito que está en la vulva que se llama vagina. Para ello el hombre coloca su pene dentro de este agujerito y por el salen los espermatozoides y van a buscar al óvulo…”
Esta es un forma posible de contarlo, pero puede haber otras igualmente válidas, el único requisito es que se ajusten a la realidad y que no se cuente de una forma ni demasiado larga ni demasiado compleja. Si vemos que pierden el interés, vale más dejarlo a no ser que ellos insistan. Si les soltamos un rollo, también puede hacer el efecto de que no nos pregunten más porque “Cada vez que le digo algo de esto a mis padres me sueltan la charla ¡Uf!”
También es bastante probable que si les interesa el tema os acosen a preguntas propias de su imaginario infantil: Si puedes ver a los espermatozoides cuando entran, si te hacen cosquillas, si los óvulos y los espermatozoides tienen cara, si son simpáticos… Si asumís este reto es posible que lo que empieza siendo una situación de apuro termine convirtiéndose en una anécdota muy divertida.
Por hoy lo dejamos aquí, pero seguiremos, porque este tema da para mucho más.
En la II Parte de Educación Sexual Infantil, hablaremos de otras cuestiones que preocupan a las familias, como es la masturbación infantil, la curiosidad hacia otros cuerpos y los juegos «a los médicos».
(* La Educación Sexual es una materia prescrita por las leyes que rigen la Educación, tan obligatoria como las matemáticas o el lenguaje. El problema que al no existir profesorado específicamente cualificado para ello, el que se aborde o no en cada centro educativo depende de la buena voluntad del profesor de turno, que puede intentar acercarse al tema en la medida de sus posibilidades o buscar una colaboración externa de profesionales de la Sexología, que son quienes están especializados en esta materia. )
*Sexóloga. Presidenta de la Asociación Asturiana para la Educación Sexual (ASTURSEX). anina80@hotmail.com
www.atencionsexologica.es

