
Dale un tiempo
Siempre se nos dijo que Efigenio Amezúa jugaba con nuestros cerebros y nuestras ideas cual druida que prepara una poción mágica despacito, a fuego lento, como se hacía en otro tiempo. Que esta manera de aprendizaje podría ser confusa, pero que no desesperásemos y tuviésemos paciencia.
Recuerdo con cariño no solo todo el proceso durante los dos años de formación, sino una situación en concreto que la viví más como “usuaria” que como “alumna”. Creo que fue en torno a enero del primer año de máster. Había empezado a leer “Historia de O” puesto que Marcos Sanz Agüero ya nos había hablado del libro. Pero llegó un momento en el que me atasqué. Me era imposible seguir leyendo. Sentía un rechazo, no intenso pero sí contundente. Mis ojos no querían leer. Puede que penséis que me horroricé al comienzo, pero no… fue en torno a la mitad. En un momento algo relajado de la historia, donde parece que no esté pasando nada que sea muy explícito. Ni yo misma lo entendía.
Ese mes, en algún descanso, comida o cena del máster, no pude evitar comentarlo con Efi.
– Efi, he empezado a leer “Historia de O” y… – frase que no acabé poniendo cara de desaprobación o rechazo
– ¿Y qué?
– ¡Que no puedo seguir! – dije frustrada. Yo que había sido ratita de biblioteca, que me había leído casi todos los libros (menos uno) que desde primaria me obligaron a leer… de repente atascada en un libro que escogí.
– ¿Por dónde vas? ¿Has leído mucho? – tuve que pensar mi respuesta
– Como, ¿por la mitad, más o menos? – creo que después di algún dato de lo que pasa exactamente en ese momento.
– ¡Ah, sí! Dale un tiempo. – ante mi cara de extrañeza prosiguió:- Tú, deja el libro parado y dentro de un tiempo lo vuelves a coger desde ahí.
– Pero, ¿cuánto tiempo?
– Unos 6 meses.
Quiso el universo, Efi o todo a la vez que ese año tuvimos como tarea entre cursos del máster leer literatura erótica. Eran los años del bum de cierta trilogía y, obviamente, iba a ir a mi listado de lecturas, aunque fuese por criticar con conocimiento. Acabé leyendo 7 libros aquel verano. Algo inusual en mí. Soy lectora, pero no tanto. Como diría nuestro maestro, “la cosa está clara”; la motivación es un factor importante.
Por si os lo preguntáis, uno de los libros fue “Historia de O”. Así como lo supo intuir, algo pasó en esa otra mitad de curso. Algo pasaba con retomar la lectura en otro momento. Mi sensación no tuvo nada que ver. El libro me hipnotizó, me enganchó, como diría a mis amistades; “me dejó loquísima”. Con la cabeza llena de interrogantes y dudas que tampoco sabía ordenar muy bien, pero extrañamente satisfecha y feliz.
Si no lo había hecho ya, mediante esta recomendación aprendí una lección esencial: el tiempo muchas veces es un factor determinante. Si algo no sale ahora, tal vez no sea por falta de constancia, esfuerzo, ganas… tal vez sea porque no es el momento, porque las cosas necesitan su tiempo, los procesos son caminos que construimos poco a poco. Parece una tontería de mensaje, como diría Efi, “tal vez lo sea”, pero es una tontería que ayuda y que me ha servido de mucho en mi vida personal y laboral.
Muchas gracias Efigenio por tanto.
P.D.: Es la segunda vez que me he sentado a escribir este artículo, también ha necesitado un tiempo.
Norma Ageitos Urain.
