A propósito de las Jornadas Estatales de noviembre de 2021.
Lucía Glez-Mendiondo (Luco)*
Tras más de un año de preparación e intentos frustrados por la pandemia, los días 5 y 6 de noviembre celebramos nuestras primeras Jornadas Virtuales bajo el título “Presente y futuro de la Educación Sexual: nuevas perspectivas y retos”.
He de decir, porque habrá quien no lo sepa, que la idea de centrarnos en la cuestión de la educación sexual surgió a raíz del lugar elegido, en un principio, para la celebración de las jornadas: Zaragoza. Ya que esta ciudad fue sede de las primeras jornadas sobre educación sexual celebradas por la AEPS en 1994, hace la friolera de 27 años.
El tema, además, merecía toda nuestra atención. Están pasando muchas cosas y muchos, a nivel social, político, mediático o legislativo, invocan a la educación sexual como solución de “los males entre los sexos”, mientras otros le ponen todas las trabas posibles, la censuran y señalan como causa de esos mismos males.
No es nada nuevo, sabemos cómo están las cosas, como continúan a pesar de todo. Y también sabemos que, si no la solución, nosotros y nosotras, los profesionales de la sexología, tenemos algunas claves que deberían ser escuchadas.
Y ese es el asunto que más me ronda por la cabeza desde que finalizaron las jornadas… Tenemos mucho que decir, mucho por hacer, y muchas ganas de hacerlo. Tras día y medio pegada a la pantalla, escuchando a unas y otros, pude corroborar que trabajamos mucho y muy bien, que tenemos objetivos claros y que hay ilusión. Pero, algo sigue fallando, porque nuestras ideas y propuestas no llegan donde tienen que llegar, y, por decirlo de alguna manera, nuestra educación sexual no es la que impera. Porque, quizá, aludiendo a las palabras de Marcos Sanz en su cálida y maravillosa intervención inaugural, hemos perdido la confianza. Nos sentimos pequeños frente a otros.
Ciento veinte personas inscritas, una media de sesenta y cinco conectadas en directo en cada ponencia, once ponentes de excepcional calidad y un montón de conocimientos compartidos. Evidencias de que no somos pequeños y ya es hora de que empecemos a recuperar la confianza.
Dicho esto, supongo que si se me ha pedido una reseña es para que reseñe lo ocurrido durante las jornadas. Esto es, “que deje constancia crítica de su contenido, estilo y mérito”. Tenéis suerte, hoy me he levantado más optimista de lo habitual.
Comencemos por el estilo, completamente novedoso dado su formato digital, pero que mantuvo, en la medida de lo posible, la esencia de nuestras jornadas: cercanía, sencillez y calidez. Pese a las pantallas, la distancia y las ganas con las que nos quedamos de volver a vernos, conversar, abrazarnos…
Como buena luddita, y supongo que no era la única, la idea de que las jornadas fueran digitales me producía una extraña sensación entre la pena y la pereza, y me costó aceptar las ventajas que suponía: en cuanto al precio, la asistencia, la posibilidad de verlas posteriormente, la participación de ponentes que no habrían podido estar de forma presencial y, sobre todo, la garantía de que, esta vez sí, las jornadas podrían celebrarse. Al final, resultó que la cosa no fue nada mal, pese a algún pequeño “problema del directo”.
Abrimos el capítulo de los contenidos precisamente con uno de esos gajes del directo: un video que no entró a tiempo.
Tras la bienvenida de nuestra presidenta, Susana Maroto, y tras confirmar y lamentar la ausencia de Efigenio Amezúa, a quien deseo una pronta recuperación, vino el tan merecido y esperado homenaje por su obra y su labor. –“Ya era hora de que la AEPS hiciera algo así”, pensaríamos muchos-. Y quién mejor que Marcos Sanz para hablarnos de Efigenio y su trayectoria, de su sexología y el camino que han recorrido juntos desde los años setenta. De esa confianza de entonces que necesitamos recuperar ahora, cargándonos de razones y atrevimiento para enfrentarnos juntos a los nuevos retos con los que nos encontramos.
Y, cuando pudimos por fin ver el esperado video, lo que encontramos fue una bonita muestra de respeto y cariño, pero pequeña e incompleta, pues eran muchos, demasiados, los que faltaban y porque no había tiempo para mucho más. Quiero pensar en este video como el germen de algo más grande, quién sabe si un documental que deje constancia sobre Amezúa, su obra y su escuela. Ahí lanzo la idea para quien se atreva a recogerla.
Completando el recorrido histórico comenzado por Marcos, Guillermo González, de la mano de Carolina García, nos ofreció un repaso sobre la situación de la Educación Sexual en el Estado Español, las diferentes leyes y cómo la contemplan, los avances y retrocesos, etc. evidenciando, entre otras cosas, que ésta no es ya la asignatura pendiente, sino la asignatura suspensa por nuestro sistema educativo.
La siguiente mesa nos devolvió a estos loquísimos años 20 que estamos viviendo y los nuevos retos que nos plantean a quienes nos dedicamos a la educación sexual: lo digital como nuevo escenario de la sexualidad, el porno como escuela, el final de la monogamia como único modelo relacional… Mikel Resa, Raúl Marcos, María Rodríguez y Miguel Vagalume, nos introdujeron en estas cuestiones tan actuales y que nos traen tantos quebraderos de cabeza, y nos dejaron, sin duda, con ganas de más.
Ganas de más… sensación constante durante las jornadas. Y es que, cada una de las mesas planteadas, daban por sí solas para unas jornadas completas.
El sábado por la mañana, café en mano y seguro que algunos todavía en pijama, Agustín Malón nos presentó a Miguel Ángel Boldova y Clarisa Hernández, a quienes quiero agradecer particularmente su participación en las jornadas. Los adolescentes, su sexualidad y las lagunas y contradicciones del nuevo escenario legal fueron el objeto de esta mesa. Una cuestión delicada y controvertida, complicada de entender para quienes no nos apañamos del todo con el lenguaje penal, y que, tanto Agustín como nuestros invitados, consiguieron exponernos con muchísima claridad. Supongo que cada cual extraería sus propias conclusiones, las mías aún las estoy reposando, pero lo que me quedó muy claro es que quienes elaboran las leyes necesitan mucha formación en sexología o, al menos, mejores asesores.
A continuación, Loola Pérez nos acercó al feminismo de género, tratando de tender algunos puentes entre ese “error sexológico y hoy empecinamiento feminista”, por usar las locuaces palabras de Joserra Landarroitajauregui, y nuestra disciplina. El género necesita nuevas herramientas para dar respuesta a los problemas a los que se enfrenta, como discurso hegemónico comienza a ser cuestionado, y, desde la sexología, tenemos mucho que decir al respecto.
En esta mesa tuvimos que lamentar la segunda ausencia de las Jornadas, la de Laura Macaya. Nos quedamos con las ganas de escucharla y debatir con ella, esperamos que haya alguna otra ocasión.
La sexología también tiene mucho que decir en el actual debate legal sobre los menores en situación de transexualidad, tema que Penélope Alonso, Aitzole Araneta y Bea Server, abordaron en la siguiente mesa, evidenciando que la esperada “Ley Trans” no resuelve todos los problemas, incluso crea otros nuevos, para los niños y niñas en situación de transexualidad. Echamos de menos en esta mesa a Lucas Platero, junto a quien esperábamos abrir el melón del transgénero y el no binarismo, un discurso que está calando a nivel social y pedagógico, con grandes efectos en lo que atañe a la construcción de la identidad sexual y sobre el que nos habría gustado mucho haber podido debatir y reflexionar.
Para cerrar las jornadas mirando hacia el futuro, Joserra Landarroitajauregui, puso sobre la mesa una serie de sugerencias y advertencias que nos sitúan ante dos controversias: la que nos plantea el “embrollo de la igualdad”, que en ningún caso es una solución sino un problema, y la derivada de la “conscripción asexualizante” u obligaciones que el Estado impone a hombres y mujeres y que ahora pasan por su asexuación, invitándonos a quienes nos dedicamos a la educación sexual a afrontar el reto de combatir el “SIDA-CDCD”, (acrónimo de estado de sospecha, incomunicación, desconfianza y alerta, gestionado a través de la confrontación, la descalificación, la culpa y la denuncia) desde nuevos parámetros, los propios de nuestro marco sexológico.
Estilo, contenidos y méritos. ¿Cuál es el mérito de estas jornadas? Pues, para empezar, el haberse celebrado y habernos mantenido atentos tantas horas, pese a la distancia y las pantallas. Pero, sobre todo, recogiendo las palabras de Susana Maroto en la despedida, su mérito reside en ser una nueva evidencia de que TODAVÍA tenemos mucho por hacer y aportar y de que contamos con las herramientas para hacerlo, tenemos razones de sobra para recuperar la confianza y el atrevimiento y enfrentarnos juntos a los nuevos retos a los que se enfrenta la educación sexual.
Gracias a todos por haberlas hecho posibles.
*Sexóloga y socia de la AEPS.

